Un perro me ha quitado la comida
de la mano. Iba yo caminando por la calle al tiempo que devoraba una media
luna, asumiendo el riesgo (en mi pueblo se dice que si comes por la calle no te
casas) y de repente he notado algo en mi mano. Un canino blanco y delgado se
estaba comiendo mi almuerzo y de paso me chupaba la mano. No sé por qué en ese
instante me ha venido a la cabeza el PP. Soy un poco obsesiva y quizá ya venía
pensando en eso desde que vi al perrito perseguirme, no sé llámenlo personificación,
símil o hipérbole.
Los de Rajoy son como ese perro
que va por detrás, sigilosamente, despacito… para que nadie le vea. Siempre a
las espaldas, sin dar un paso al frente, por si se levantan las orejas y se
abre la boca. Los ladridos no gustan al personal y éste es el que da de comer.
Además, qué curioso, ellos también
se tragan el pan de los demás pero en forma de educación, sanidad… Se comen un
buen bocadillo vuelta y vuelta de libertades y derechos sociales. De hecho, éstos
son de esos que lamen el plato, lo rebañan con pan y lo pasan para que otros,
los que hay sentados a la izquierda del padre, lo frieguen.
Al final, la historia de mi perro
es el reflejo de la España azul que estamos obligados a prevenir y combatir. Ah!
Por cierto, le tengo miedo a los perros…desde pequeña.